måndag 19 oktober 2015

Salmos 23 El tesoro de David







Me encanta leer los libros de Charles Spurgeon ya que fue un gran varón de Dios y Dios me ha bendecido tanto a través de ellos. Les comparto este escrito del Salmos 23.

No hay titulo inspirado para este Salmo, y no se necesita ninguno, porque no registra ningún suceso especial, y no necesita otra clave que la que todo cristiano puede hallar en su propio pecho. Es la «Pastoral celestial» de David; una oda magnífica, que ninguna de las hermanas de la música puede superar.
El clarín de guerra aquí cede a la flauta de la paz, y el que ha estado gimiendo últimamente los males del Pastor, de modo afinado practica y canta los goces del rebaño.
Esta es la perla de los Salmos, cuyo fulgor puro y suave deleita los ojos; una perla de la que el Helicón no tiene de qué avergonzarse, aunque el Jordán la reclama.
Se puede afirmar de este canto deleitoso que si su piedad y su poesía son iguales, su dulzor y su espiritualidad son insuperables.
La posición de este Salmo es digna de que se note. Sigue al veintidós, que es de modo peculiar el Salmo de la cruz. 
No hay verdes prados ni aguas tranquilas antes del Salmo veintidós. Es sólo después de que hemos leído «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» 
que llegamos a «El Señor es mi pastor». 
Hemos de conocer por experiencia el valor de la sangre derramada, y ver la espada desenvainada contra el Pastor, antes de que podamos conocer verdaderamente la dulzura de los cuidados del Pastor.
Se ha dicho que lo que es el ruiseñor entre los pájaros lo es esta oda entre los Salmos, porque ha sonado dulcemente en el oído de muchos afligidos en la noche de su llanto 
y les ha traído esperanza de una mañana de gozo. Me atreveré a compararlo también a una alondra, que canta al remontarse, y se remonta cantando, 
hasta que se pierde de vista, y aun entonces oímos sus gorjeos. C. H. S.

Agustín ha dicho que vio en un sueño el Salmo ciento diecinueve que se elevaba delante de él como un árbol de vida en medio del paraíso de Dios. 
Este Salmo veintitrés puede ser comparado a las flores más hermosas que crecen a su alrededor. El primero ha sido comparado al sol entre las estrellas; 
sin duda, ¡ése es como la más rica de las constelaciones, incluidas las Pléyades! 
John Stoughton en Los cánticos del rebaño de Cristo
Algunas almas piadosas se sienten turbadas porque no pueden usar en todos los tiempos, o incluso con cierta frecuencia, el lenguaje de este Salmo, en su sentido gozoso.
Estas deben recordar que David, aunque vivió muchos años, nunca escribió más que un Salmo veintitrés. William S. Plumer

Vers. 1. El Señor es mi pastor. Es bueno saber, de modo tan cierto como sabía David, que pertenecemos al Señor. Hay una noble nota de confianza en esta frase. 
No hay un «si» ni un «pero», ni tampoco un «espero»; sino que dice: «El Señor es mi pastor.» Hemos de cultivar el espíritu de dependencia confiada en nuestro Padre Celestial.
La palabra más dulce de todas ellas es el monosílabo «mi». No dice: «El Señor es el pastor del mundo en general, y guía a la multitud de su rebaño», sino: «Jehová es mi pastor»;
aunque no fuera el pastor de nadie más, es, con todo, mi pastor; me cuida, me vigila y me guarda. Las palabras están en tiempo presente. 
Sea cual sea la posición del creyente, ahora está bajo el cuidado pastoral de Jehová. C. H. S.
Satanás te trata, al parecer, suavemente, para poder atraerte al pecado, pero al fin se portará de modo amargo. 
Cristo, verdaderamente, parece áspero, para mantenerte alejado del pecado, poniendo setos de espinos a la vera de tu camino. Pero El será realmente dulce si entras 
en su rebaño, incluso a pesar de tus pecados. Es posible que ahora Satanás te sonría de modo 
placentero mientras estás en pecado; pero tú sabes que será duro contigo al final. El que canta como una sirena ahora va a devorar como un león al final. 
Él te atormentará y te afligirá y será amargo para ti.
Ven, pues, a Jesucristo; deja que Él sea ahora el pastor de tu alma. 
Y sabe que El será dulce al procurar guardarte del pecado antes que lo cometas. 
Oh, que este pensamiento —que Jesucristo es dulce en su trato con todos sus miembros, con su rebaño, especialmente con los que pecan— persuada los corazones 
de algunos pecadores a que entren en su aprisco. John Durant
Noto que algunas ovejas del rebaño se mantienen cerca del pastor y le siguen adondequiera que vaya, sin la menor vacilación, mientras que otras van por su cuenta, 
de un lado a otro, o se detienen detrás; y él con frecuencia se vuelve y las regaña con un grito áspero y agudo, o les echa una o dos piedras. 
Vi que un pastor dejó a una coja. No es ésta la forma en que se comporta el buen pastor.
Y cuando vienen el salteador y el ladrón (y vienen de veras) el pastor fiel con frecuencia pone su vida en defensa de su rebaño. 
He visto más de un caso en que el pastor ha dejado literalmente la vida en un conflicto. Un pobre pastor fiel, la última primavera, entre Tiberias y Tabor, en vez de huir, hizo frente a tres beduinos que fueron a robarle y le descuartizaron y le dejaron muerto entre las ovejas que defendía.
Algunas ovejas se mantienen cerca del pastor y son sus predilectas. Cada una de ellas tiene un nombre al cual responde alegremente, y el bondadoso pastor les distribuye porciones escogidas
 que recoge con este propósito. Hay las contentas y satisfechas. 
No corren el peligro de perderse o verse en dificultades, sea por animales salvajes o ladrones que se lancen sobre ellas.
El gran cuerpo del rebaño, sin embargo, o sea los que son meramente «mundanos», intentan solamente conseguir sus placeres o intereses egoístas. 
Corren de arbusto en arbusto, buscando variedad en sus pastos, y sólo de vez en cuando levantan la cabeza para ver dónde está el pastor, o bien dónde está el rebaño en general,
a menos que se descarríen por alejarse demasiado, de modo que se procuran una reprensión de su cuidador por haberse hecho notar de esta manera.
Otras, también, están inquietas y descontentas, y saltan a los campos cercanos, se encaraman en los arbustos y aun en los árboles inclinados, de donde caen y se rompen una pata.
 Estas dan al pastor incesantes preocupaciones. W. M. Thomson en La tierra y el libro

Las palabras siguientes son una especie de inferencia de la primera afirmación, son una sentencia positiva: nada me faltará. 
Es posible que sufra en otras circunstancias, pero cuando Jehová es mi pastor, El puede suplir todas mis necesidades, y El ciertamente está dispuesto a hacerlo, 
porque su corazón está lleno de amor, y por tanto, nada me faltará. No me faltarán cosas temporales. 
¿No alimenta El a los cuervos y hace que crezcan los lirios? ¿Cómo, pues, puede dejar a sus hijos que perezcan de hambre? No me faltarán cosas espirituales; 
sé que su gracia será suficiente para mi. C. H. S.

«Nada me falta»; puede también traducirse así, pero en nuestra versión se halla en tiempo futuro. 
J. R. Macduff en El Pastor y su rebaño

El hombre piadoso no carece de nada. Porque aunque con referencia a las cosas innecesarias él «no tiene nada», con referencia a las otras es como si las poseyera todas. 
No carece de nada que sea necesario para glorificar a Dios (pudiendo hacerlo del mejor modo posible por medio de sus aflicciones), 
o para que Dios le glorifique a él, y le haga feliz, teniendo a Dios mismo como su porción, y supliendo todas sus necesidades, el cual es suficiente en abundancia 
en todos los tiempos, para todas las personas y en todas las condiciones. Zachary Bogan

¿Cómo, pues, podemos carecer de algo? Cuando estamos unidos a El, tenemos derecho a usar de todas sus riquezas. Nuestra riqueza es su riqueza y su gloria. 
Con El nada nos puede ser negado. La vida eterna es nuestra, con la promesa de que todo nos será añadido; todo lo que El sabe que necesitamos. 
Theodosia A. Howard, vizcondesa Powerscourt, en Cartas, etc., editado por Robert Daly

En el capítulo diez del Evangelio de Juan hallaremos las seis marcas de la oveja de Cristo: 
1) Conoce a su pastor; 2) conoce su voz; 3) le oye cuando llama por su nombre; 
4) le ama; 5) confía en El; 6) le sigue. Mrs. Rogers

Vers. 2. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. 
La vida del cristiano tiene dos elementos, 
el contemplativo y el activo, y los dos son provistos ricamente. Primero, el contemplativo: 
En lugares de delicados pastos me hará descansar. 
¿Cuáles son estos verdes pastos sino las Escrituras de la verdad, siempre jugosos, 
siempre frescos, nunca agotados? 
No hay temor de morder el duro suelo cuando las hojas de hierba son bastante largas 
para que el rebaño se eche en el prado. 
Dulces y llenas son las doctrinas del evangelio; aptas como comida para las almas, 
su hierba tierna y nutrición natural para las ovejas.
La segunda parte de una vida cristiana vigorosa consiste en una actividad de gracia. 
No sólo pensamos, sino que obramos. 
No siempre estamos echados para alimentarnos y descansar, sino que estamos avanzando hacia la perfección; de ahí que leemos: Junto a aguas de reposo me pastoreará. 
¿Cuáles son estas aguas de reposo sino las influencias y gracias de su bendito Espíritu? 
Su Espíritu nos ayuda en varias actividades, 
como aguas en plural para limpiarnos, refrescarnos, fertilizar, querer. C. H. S.

Descansar, pastorear. María sentada a los pies de Jesús, y la ajetreada Marta, son emblemas de la contemplación y la acción, y las dos residen en la misma casa, 
y lo mismo ha de ser en nuestro corazón. Nathanael ARDÍ

Este corto y conmovedor epitafio se ve con frecuencia en las catacumbas de Roma: 
«In Christo, in pace» («En Cristo, en paz»). 
Date cuenta de la presencia constante del Pastor de paz. J. R. Macduff

Delicados pastos. Aquí hay muchos pastos, y cada pasto lozano y jugoso, de modo que no es posible agotar la hierba, dejando el suelo desnudo; 
aquí hay muchas corrientes, y las corrientes son profundas y anchas, de modo que no pueden secarse. 
Las ovejas han venido comiendo en estos pastos desde que Cristo fundó su iglesia en la tierra, y, con todo, están llenos aún de hierba, como siempre. 
Las ovejas han venido bebiendo en estas corrientes desde Adán y, con todo, están 
llenas a rebosar hasta el día de hoy, y seguirán estándolo hasta que las ovejas ya no tengan que usarlas, ¡por estar en el cielo! Ralph Robinson
Vers. 3. Confortará mi alma. Cuando el alma está afligida, Él la restaura; cuando peca, la santifica; cuando es débil, la corrobora. 
El lo hace. Sus ministros no podrían hacerlo si no lo hiciera El. Su Palabra no bastaría por sí sola. «El conforta mi alma.» 
¿Hay algunos en que la gracia haya sufrido un descenso? ¿Sentimos que nuestra espiritualidad se halla en su nadir? El que puede transformar este bajo nivel 
en una inundación, puede también restaurar nuestra alma. Pídele, pues, su bendición: «¡Restáurame, Pastor de mi alma!» C. H. S.
El restaura el alma a su pureza original, que había pasado a ser negra y hedionda por el pecado; porque ¿qué bien habría en pastos delicados con un alma apestosa? 
El la restaura al estado natural en los afectos, que había sido deformado por la violencia de las pasiones; porque, 
¡ay! ¿qué bien habría en «aguas de reposo» para espíritus turbulentos?
El la restaura realmente a la vida, que había pasado a ser muerte; y ¿quién puede «restaurar mi alma» a la vida sino aquel que es el Buen Pastor 
y que da su vida por sus ovejas? SIR Richard Baker
Caminos de justicia. ¡Ay, Señor!, estos «caminos de justicia» han sido desde hace tiempo tan poco frecuentados que las huellas en ellos apenas son visibles; 
ahora resulta difícil hallar dónde se encuentran los caminos de justicia, y si se pueden hallar son tan estrechos y llenos de rodadas que es imposible evitar el caer 
o perderse. Sir Richard Baker
Vers. 4. Aunque pase por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno. Este versículo delicioso ha sido cantado por muchos en su lecho de muerte 
y les ha ayudado a transformar el oscuro valle en claro día en su mente. Cada palabra del mismo tiene una riqueza de significado.
«Si, aunque ande», en que vemos que el creyente no aviva su paso cuando llega la hora de morir, sino que con calma va andando con Dios. 
Andar indica el avance firme y seguro del alma que conoce la ruta, su fin, y decide seguir el camino, se siente segura, y por tanto está perfectamente sosegada 
y calmada. El santo que muere no se apresura, no corre como si estuviera alarmado, no se queda quieto como si se negara a seguir adelante; no está confuso ni avergonzado, 
y por tanto sigue a su antiguo paso.
Observa que no es andando en el valle, sino por el valle. Nosotros vamos a lo largo del oscuro túnel de la muerte y salimos a la luz de la inmortalidad. 
No morimos, sino que dormimos para despertar en la gloria. La muerte no es la casa, sino el pórtico; no es el objetivo ni la meta, sino el pasaje a la misma. 
El paso de la muerte es llamado un valle. Y entonces no es «el valle de muerte», sino «el valle de la sombra de muerte», porque la muerte en su sustancia ha sido 
eliminada y sólo queda de ella su sombra. Alguien ha dicho que cuando hay una sombra tiene que haber luz en alguna parte, y la hay. 
La muerte se halla junto al camino por el que hemos de transitar, y la luz del cielo brillando sobre el caminante proyecta una sombra a nuestro paso; 
alegrémonos de que haya luz más allá.

Nadie tiene miedo de una sombra, porque una sombra no puede detener a un hombre en su camino ni aun un instante. La sombra de un perro no muerde; 
la sombra de una espada no mata; la sombra de la muerte no puede destruirnos. Por tanto, no hay motivo para temer.
No temeré mal alguno. No dice que no haya de haber mal alguno; había ido más allá incluso de esta garantía, y sabía que Jesús había eliminado todo mal; 
si no «no temeré mal alguno»; como si incluso sus temores, estas sombras de mal, hubieran desaparecido para siempre.
Los peores males de la vida son los que no existen excepto en nuestra imaginación. Si no tuviéramos más que tribulaciones reales, 
éstas no serían más que una décima parte de nuestras aflicciones presentes. Sentimos mil muertes al temer una; pero el Salmista estaba curado de la enfermedad 
del temor. C. H. S.
Así esta muerte corporal es una puerta para entrar en la vida, y por tanto no es de temer silo consideramos debidamente, puesto que es confortable; 
no un daño o agravio, sino el remedio para el mismo; no un enemigo, sino un amigo; no un cruel tirano, sino un guía considerado que nos lleva, no a la mortalidad, 
sino a la inmortalidad; no a la aflicción y al dolor, sino al gozo y al placer, y esto para durar para siempre. Homilía contra el temor y la muerte
Aunque fuera llamado para contemplar una visión como la de Ezequiel, un valle lleno de huesos de muertos; aunque el rey de los terrores cabalgara en gran pompa 
por las calles, cortando cabezas, y cayeran a millares a mi lado, y diez mil a mi derecha, no temería mal alguno.
Aunque la muerte dirigiera sus flechas fatales al pequeño circulo de mis amados y arrastrara deudos y amigos lejos de mí, hacia las tinieblas, no temeré mal alguno. 
Si, aunque yo mismo sienta la flecha que se clava en mi y el veneno es absorbido por mi espíritu; aunque como resultado me sintiera enfermar 
y languidecer y tuviera los síntomas de la disolución inminente, todavía no temeré mal alguno.
Mi naturaleza puede temblar, pero yo confío que Aquel que sabe que la carne es débil, 
tendrá compasión y perdonará estas luchas. 
Por mucho que tema las agonías de la muerte, no temeré mal alguno en la muerte. 
El veneno de su aguijón ha sido quitado. La punta de su flecha es roma 
y no puede penetrar profundo en el cuerpo. Mi alma es invulnerable. 
Puedo sonreír ante la lanza que se agita mirar inmóvil los destrozos causados por el inexorable 
destructor en mi tabernáculo, y anhelar el momento feliz en que tendré un respiro para que mi espíritu, que anhela el cielo, pueda volar a su descanso. 
Samuel Lavington

«Quiero hablarte sobre el cielo» dijo un padre que se moría a un miembro de su familia-. 
«Es posible que no tengamos otra oportunidad. 
¡Deseo que nos podamos reunir alrededor del trono de gloria como una familia, en el cielo!»
Abrumada por la idea, la amada hija exclamó: «¿Sin duda no crees que haya tanto peligro?»
 Con calma y sosiego el padre replicó: «¿Peligro, querida? 
No uses esta palabra. No puede haber peligro para el cristiano, espere lo que espere. 
¡Todo está bien! ¡Todo está bien! ¡Dios es amor! ¡Todo está bien! 
¡Bien para siempre!» John Stevenson

Cuando el corazón de un hombre carnal está preparado para morar dentro de él y se vuelve como una piedra, ¡con qué alegría pueden esperar los que tienen a Dios como amigo! 
¿Cuál de los valientes del mundo puede mirar cara a cara a la muerte y dirigir luego su mirada con alegría a la eternidad? 
¿Cuál de ellos puede abrazarse a un haz de leña y entrar animoso en las llamas? Esto lo puede hacer un santo, y más aún; porque puede mirar a la justicia infinita a la cara con el corazón animoso; 
puede oír hablar del infierno con gozo y agradecimiento; puede pensar en el día del juicio con deleite y consuelo.
Desafío al mundo a sacar uno de entre sus alegres compañías que pueda hacer todo esto. 
¡Venid, jóvenes alocados en vuestro jolgorio; traed vuestras arpas y violas; 
añadid lo que queráis para hacer completo el concierto; escanciad vinos ricos; 
juntad las cabezas y esforcé-monos en agregar lo que contribuya al placer! Bien, 
¿ya está hecho? Ahora recuerda, pecador, que esta noche tu alma ha de aparecer delante de Dios.
Bien, ¿qué dices ahora, joven? Te falta el ánimo. Llamas a tus alegres compañeros para que animen tu corazón. Alargas la mano ahora para alcanzar una copa, 
una cortesana; no temas, no temas. Ten buen ánimo. ¿Puede temblar un hombre tan valeroso, que se burlaba y amenazaba al Dios todopoderoso? Antes tan jovial y dicharachero,
 pero ahora tu boca está cerrada. ¡Vaya cambio!
¿Y dónde están tus alegres compañeros, digo? Todos han huido. 
¿Dónde están tus placeres? Todos te han abandonado. ¿Por qué has de estar abatido? 
Te ves privado de todo consuelo. ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Hay una pregunta que con todo mi corazón he de hacer a un hombre que ha de aparecer ante Dios mañana 
por la mañana. Bien, pues, parece que tu corazón desfallece. 
¿Qué significaban todos aquellos goces y placeres? ¿A esto han venido a parar?
Allí tenemos a uno 4ue ahora tiene el corazón tan lleno de consuelo y fortaleza que no puede contenerlos, y los mismos pensamientos sobre la eternidad que abaten 
tu alma levantan la suya. 
¿Quieres saber la razón? El conoce que va a su Amigo; es más, su amigo le acompaña por la calleja oscura. 
Mira qué bueno y agradable es que Dios y el alma moren juntamente en uno. 
Esto es tener a Dios por amigo. «Bienaventurada es el alma que así se encuentra; 
sí, bienaventurada el alma cuyo Dios es Jehová.» James Janeway

Según un antiguo proverbio, cuando uno había realizado una gran hazaña, se decía de él que «había tirado de la barba del león»; cuando un león ha muerto, 
hasta los niños pequeños pueden hacerlo.
Incluso un niño, cuando ve un oso, un león o un lobo muerto por la calle, puede tirarle del pelo, insultarle y hacerle lo que quiera; pisotearle y todo lo que ni por asomo se atrevería a intentar si estuviera vivo.
Una cosa así es la muerte: una fiera rabiosa, un león rugiente, un lobo devorador; con todo, Cristo ha dado muerte a la muerte, 
para que los hijos de Dios puedan triunfar sobre ella, como los mártires de los tiempos primitivos, que alegremente se ofrecían al fuego, a la espada, 
a la violencia de las fieras hambrientas; y por la fe que había en la vida de Cristo se burlaban de la muerte que la había sometido a si mismo (1ª Corintios 15). 
Martín Day

El Salmista confía incluso ante lo desconocido. Aquí, sin duda, hay confianza completa. 
Tenemos lo desconocido por encima de lo que podemos ver; 
un pequeño ruido en la oscuridad nos aterroriza, cuando incluso los graves peligros a la luz del día no nos asustan; lo desconocido, con su misterio, 
y la incertidumbre, con frecuencia llenan el corazón de ansiedad, si no de presentimientos y angustia.
Aquí el Salmista hace frente a la forma extrema de lo desconocido, su aspecto más terrible para el hombre, y dice que aun en medio de esto va a confiar. 
¿Qué es lo que puede haber tan distante del alcance de la experiencia y la especulación humanas, incluso de la imaginación, como «el valle de sombra de muerte», 
con todo lo que hace referencia al mismo?; pero el Salmista no hace reserva de su caso; él va a confiar allí donde no puede ver.
¡Con qué frecuencia estamos aterrorizados ante lo desconocido, como los discípulos lo estaban «al entrar en la nube»! 
¡Con qué frecuencia es la incertidumbre del futuro una prueba más difícil para nuestra fe que la presión de algún mal presente! Muchos hijos queridos de Dios 
pueden confiar en El en todos los males conocidos; pero ¿por que estos temores y presentimientos, este decaimiento del corazón, 
si pueden confiar igualmente en Él para lo desconocido? Philip B. Power

Tú estarás conmigo. ¿Conoces la dulzura, la seguridad, la fuerza del «Tú estás conmigo? Cuando vemos venir la hora solemne de la muerte, 
cuando el alma está dispuesta a detenerse y preguntar: ¿Qué será?, podemos volvernos en el afecto de nuestra alma hacia Dios y decir: «No hay nada en la muerte 
que pueda dañarme en tanto que tu amor no me deje». Puedes decir: «¡Oh muerte!, 
¿dónde está tu aguijón?»
Se dice que cuando una abeja ha dejado su aguijón en alguno ya no tiene más poder para dañar.
 La muerte ha dejado su aguijón en la humanidad de Cristo 
y ya no tiene poder para dañar al hijo de Dios. La victoria de Cristo sobre la tumba es la victoria de su pueblo. «En este momento estoy contigo» -susurra Cristo, 
«el mismo brazo que se ha mostrado fuerte y fiel a lo largo del camino por el desierto, que nunca ha fallado cada vez que tú te has apoyado en él en tu debilidad.» 
Viscount Powerscourt

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Muchas personas dicen recibir mucho consuelo de la esperanza de que no habrán de morar. 
Ciertamente habrá algunos que estarán «vivos y habrán permanecido» hasta la venida del Señor, 
pero ¿hay tanta ventaja en este escapar de la muerte como para hacer 
de ello el objeto del deseo del cristiano?
Un sabio puede preferir, entre los dos, el morir, porque los que no hayan de morir, 
sino que sean «arrebatados con el Señor en el aire», van a perder más bien 
que ganar. Van a perder la comunión real con Cristo en la tumba en que mueren los santos aquí, 
y se nos dice de modo expreso que no habrá preferencia con respecto 
a los que estén dormidos.
Seamos de la opinión de Pablo y digamos que «el morir es ganancia», 
y pensemos que «partir con Cristo es mucho mejor». Este Salmo veintitrés no está gastado, 
y es tan dulce al oído del cristiano ahora como lo era en tiempos de David; que digan lo que quieran los amantes de la novedad. C. H. S.

No mucho antes de morir bendijo a Dios por la seguridad de su amor, y dijo que ahora podía morir tan fácilmente como cerrar los ojos; y añadió: 
«Aquí estoy anhelando el silencio del polvo y gozar de Cristo en la gloria. Deseo estar en los brazos de Jesús. No vale la pena que lloréis por mí» Luego, 
recordando lo ocupado que había estado el diablo con él, estaba en gran manera agradecido a Dios por su bondad al reprenderle. Memorias de James Janeway

Cuando Mrs. Hervey, la esposa de un misionero en Bombay, estaba muriendo, un amigo le dijo que él confiaba que el Salvador estaría con ella cuando anduviera 
por el oscuro valle de la sombra de muerte.
«Si esto» contestó Mrs. Harvey- «es el valle oscuro, no tiene sombras en él; todo es luz». 
Durante la mayor parte de su enfermedad había tenido visiones 
hermosas de las perfecciones de Dios. «Su gran santidad» -dio- «parece como el más hermoso de todos sus atributos». A un tiempo ella dijo que carecía de palabras
para expresar sus visiones de la gloria y majestad de Cristo.
 «Parece» -dijo- «que si toda otra gloria queda aniquilada y no queda nada sino El solo, 
será bastante;
 ¡sería un universo de gloria!»

Vers. 5. Aderezarás mesa delante de mí en presencia de mis adversarios. 
El buen hombre tiene enemigos. No puede ser como su Señor y no tenerlos. 
Si no tuviéramos enemigos podríamos temer que no somos amigos de Dios, 
porque la amistad del mundo es enemistad contra Dios. Con todo, 
ved el sosiego del hombre piadoso a pesar de sus enemigos y a la vista de los mismos.
 ¡Qué consoladora es su calma valerosa! «Aderezarás mesa delante de mí en presencia 
de mis adversarios.» Cuando un soldado se halla en la presencia de sus enemigos, 
se apresura a comer algo rápidamente y se dirige a la batalla.
Pero observa: «Aderezarás mesa», tal como el siervo pone el mantel y los adornos para un banquete, en una festividad de paz. No hay prisas, ni confusión, ni desorden.
 El enemigo está a la puerta, y, con todo, Dios prepara la mesa, y el cristiano se sienta como si todo estuviera en perfecta paz. ¡Oh la paz que Jehová da a su pueblo, 
aun en medio de las peores circunstancias y tribulaciones! C. H. S.

Para que una cosa pueda impedir a otra de modo efectivo, no sólo ha de ser de tipo contrario, sino también superior: una gota de agua no puede apagar un incendio, 
porque aunque tiene una naturaleza contraria, no tiene suficiente poder. Ahora bien, 
la malicia y las añagazas de los inicuos son cortas y débiles para la intención 
divina de bendición, que se acompaña de su poderoso brazo. 
Los hombres malos no dejan de ser hombres, y Dios es Dios; y siendo sólo hombres, 
no pueden hacer más que los hombres. Condensado de Obadiah Sedgwick

Tú ungiste mi cabeza con aceite. Un sacerdote sin aceite carece del calificativo principal para su oficio, y el sacerdote cristiano carece de su principal aptitud 
para el servicio si está desprovisto de nueva gracia de lo alto.
Mi copa está rebosando. No bastaba con que tuviera una copa llena, sino que tenía más:
 una copa que rebosaba. El pobre puede decir esto, 
así como los que están en situaciones prósperas. «Qué, ¿todo esto, y Jesucristo también?», 
dijo un pobre que vivía en una choza cuando partió un pan y 
llenó un vaso de agua fría. Un hombre puede ser muy rico, pero si está descontento, su copa no puede rebosar; está rajada y se sale. 
El contento es la piedra filosofal que transforma en oro todo lo que toca; feliz el que la ha encontrado. El contento es más que un reino, 
es otra palabra para la felicidad. C. H. S.

Este hombre no tiene sólo plenitud de abundancia, sino sobreabundancia. 
Los que tienen esta felicidad deben llevar su copa derecha y procurar que rebose en los vasos 
vacíos de sus hermanos pobres. John Trapp

Para este fin hace el Señor que tu copa rebose, para que los labios de otros puedan probar el licor. 
Las lluvias que caen sobre las montañas más altas han de ir resbalando hacia los valles más humildes. «Dad, y se os dará» (Lucas 6:38) es una máxima poco puesta 
en práctica William Secker

O como dice en la Vulgata: «Y mi cáliz rebosante, ¡qué excelente es! » 
De esta copa los mártires se saciaron cuando, saliendo para su martirio, 
ni aun reconocían a sus deudos; ni a su esposa que lloraba, ni a sus hijos, 
ni a sus familiares; dando gracias, decían: «¡Beberé la copa de mi salvación!» Agustín

Vers. 6. En la casa de Jehová moraré por largos días. Es posible que un infiel se deje caer en la casa de Dios y diga una oración, etc., 
pero el profeta (y así debe ser con todos los hombres piadosos) vive en ella perpetuamente; su alma se halla siempre ante el trono de la gracia, pidiendo más gracia.
Un infiel ora tal como el gallo canta; el gallo canta y cesa, y canta de nuevo y cesa otra vez, 
y no piensa en cantar otra vez hasta que lo está haciendo; 
así un hombre inicuo ora y cesa, ora y cesa de nuevo; su mente nunca está ocupada en pensar 
si sus oraciones son escuchadas o no; cree que es una buena práctica 
para él el orar y, por tanto, da por sentado que sus oraciones son escuchadas,
aunque en realidad Dios nunca escucha sus oraciones, 
y las respeta como si se tratara de los mugidos de un buey. 
William Fenner en El sacrificio de los fieles

Fuente : Charles Spurgeon  "El Tesoro de David."

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