onsdag 25 februari 2015

Por qué permite Dios las tribulaciones









Por qué permite Dios que Sus hijos padezcan situaciones adversas?
Son muchos los motivos, pero pueden resumirse en una sola palabra: beneficios. 
Él ve los beneficios.
Las pruebas y tribulaciones fortalecen y moldean nuestro carácter. 
Hacen de nosotros mejores personas y cristianos más consagrados.

Se cuenta que un anciano fabricante de violines se había pasado años buscando un tipo de madera que le sirviera para construir instrumentos de una resonancia muy particular. 
Su búsqueda no llegó a su fin en un invernadero, ni en una arboleda de algún valle soleado, sino en la escarpada cima de una montaña, en el límite de la vegetación arbórea, donde los vientos soplan con tal fuerza y constancia que las ramas de los árboles se extienden todas en la misma dirección y la corteza no crece del lado del tronco que da hacia el viento. 
La madera proveniente de esos árboles azotados por las inclemencias del tiempo ostenta el veteado más intrincado y cerrado que se conozca. 
Es firme, dura y fuerte. Eso dio a sus violines su particular sonido.

De igual forma, cuando Dios talla a Sus hijos a fin de que puedan ocupar su lugar en el Reino, no lo hace en las exuberantes llanuras, sino en las alturas de escarpadas laderas de montañas, donde deben aprender a soportar las tempestades de la vida. Los que persisten y aguantan, se hacen fuertes y vigorosos.
Son el linaje escogido de Dios. 
La vida de estos hijos Suyos que resisten las pruebas irradia una particular belleza.
Además, las pruebas y contrariedades que nos presenta la vida nos hacen tomar conciencia de nuestra propia debilidad e incapacidad, lo cual nos lleva a depender más de Jesús. 
Al igual que los árboles de las cumbres, que echan sus raíces profundamente en las grietas de las rocas, nos aferramos al Señor para sobrevivir. 
En esos parajes difíciles y desolados Él nos demuestra que, por sí solo, es capaz de sostenernos. 
A la larga salimos fortalecidos, toda vez que aprendemos a valernos de las fuerzas que Él nos da.
Nada acontece porque sí a los hijos de Dios.
Todo responde a un designio genial.
Cada problema, revés, castigo o dolor
es un golpe de cincel del Escultor celestial.

Por cada cima que tuve que vencer,
por cada piedra en que tropecé,
por todo el llanto y las penurias,
por todas las tormentas con su furia,
canta con gratitud mi corazón,
pues todo ello me enseñó valor.

Por todos los dolores y tristezas,
por las angustias y las asperezas,
por los días y años sin sentido,
por tantos sueños perdidos
doy gracias, porque sé
que en ello una escuela encontré.

No es aquello que no cuesta nada
lo que impulsa al hombre a la batalla.
Es más bien la cruel adversidad
la que atiza su voluntad.
Sobre pétalos de rosa se arrastran los endebles,
mientras los templados a las cumbres hacen frente.

Solamente hay dos escuelas
donde se educan los hombres:
la desgracia y la miseria.
En la dicha y la fortuna
se aprenden otras mil cosas,
pero las verdades nunca.

Manuel del Palacio


Gracias mi Cristo por tenerte y confiar en ti. Gracias porque has sido bueno conmigo. 

2 kommentarer :

Ingrid Zetterberg sa...

Hermana querida, Jenny, ¡qué hermosas son las reflexiones que nos has dejado, pues han enriquecido mi alma. Gracias por compartir. Recibe mi abrazo sincero. (Está bellísimo tu blog) Ingrid Zetterberg

Jesucristo el que ama mi alma Jenny sa...

Linda y amada amiga, a mi también me bendigo, por lo cual la comparto, te mando un gran abrazo de oso cariñoso. Gracias por siempre venir y dejar tus lindos mensajes.