fredag 17 september 2010

*** Los Pecados de la Lengua I ***






Si hay una palabra que en resumen pueda caracterizar el estado
presente de la humanidad, es la palabra confusión.

Hay confusión en la esfera del programa político internacional.

Hay confusión en el aspecto moral.
No tenemos un modelo ni un criterio que seguir.
Hemos rechazado el Sermón del Monte y Los Diez Mandamientos como nuestras
normas de moralidad, nuestra conciencia se ha cauterizado y en algunos
respectos ya está muerta.
En su proceso de endurecimiento ya se está solidificando.
Hemos perdido la sensibilidad hacia el pecado.

Hay confusión en la esfera de la enseñanza.
Hemos olvidado que la Biblia enseña que el principio de la sabiduría
es el temor de Dios.
Algunos educadores afirman que todavía podemos construir un nuevo orden
en el mundo, aun cuando hemos abjurado nuestras tradiciones anteriores
y nuestra herencia religiosa.
El mundo educativo ha perdido su centro magnético y ya no es capaz
de marcar el rumbo por el cual nuestra juventud debe caminar.
La verdadera sabiduría no puede existir apartada del temor de Dios
y de la confianza en Cristo.

Hay confusión en la vida de la política nacional.
En ella se pueden ver las más grandes y enconadas divisiones del todas
las que se han observado durante varias de las últimas décadas.
Grandes y viciosas campañas se llevan a cabo para elegir a este o a aquel
individuo. El ciudadano ordinario se encuentra confundido de todo esto.
Los hombres de la política hacen afirmaciones un día y cambian por
completo su punto de vista el día siguiente con el propósito de agradar a
algún otro partido político del país.
La integridad moral y la veracidad parecen haber desaparecido.
Ya no tenemos estadistas que defiendan lo que pretenden sino estadistas
que están caminando para obtener algo para sí mismos.

Uno de los problemas básicos reinantes en el mundo entero es que ya
no tenemos confianza los unos en los otros. Hemos perdido la confianza
en la veracidad y en la integridad de otro hombre.
En el campo internacional no podemos creer la palabra de nuestros enemigos,
y ellos dicen que no nos pueden creer a nosotros. Algunos de nuestros
jefes en la política están mirando a través de lentes color de rosa y
olvidan las palabras de la Biblia, que dicen: "Todo hombre es mentiroso.
" Hemos puesto nuestra confianza en los hombres en vez de ponerla en Dios.
Jesús dice: "Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso,
y padre de mentira." ( Juan 8:44b )
¿Cuándo aprenderemos que el diablo está dirigiendo las vastas operaciones
mundiales del comunismo?
Ellos actúan sobre la suposición de que si se repite una mentira
el suficiente número de veces la gente por fin la creerá.

La Biblia tiene tanto que decir acerca de la mentira como lo que dice
acerca de cualquiera otra cosa.
Santiago dijo: "y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.
La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo,
e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por
el infierno". ( Santiago 3:6 ).
Entre los grandes problemas de los cristianos se encuentran
los pecados de la lengua.
Si alguien puede dominar su lengua entonces podrá dominarse a sí mismo.
Si alguien puede vencer la lengua entonces podrá estar seguro de que
tendrá una real y duradera victoria.

Santiago dice: "Porque toda naturaleza de bestias, y de aves,
y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por
la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua,
que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal."
( Santiago 3:7-8 ).

Hay muchas manifestaciones de los pecados de la lengua.
El enojo es una de ellas.
Aunque la ira o el mal genio es un pecado del espíritu,
en su sentido primario, acontece muchas veces, que el perder el
dominio de la lengua se considera como un pecado de la lengua.

Hay muchas variedades de la ira, tales como la indignación, la irritación,
la impaciencia, la vejación, el odio, la exasperación, el resentimiento,
la pasión, el mal humor, la rabia, el furor, y estas se expresan con toda
clase de coléricas palabras que se extienden desde las palabras fríamente
picantes y llenas de sarcasmo hasta las que brotan candentes con la flama
de la furia. Dios las condena a todas y dice que son pecados en su presencia.
Cada expresión de ira está llena de peligro, aun la forma más noble
de la indignación.
Alguien ha dicho que si se tiene la razón no hay motivo para perder
el dominio de sí mismo y si se está equivocado nada se aventaja
con dar rienda suelta a la lengua.
Las palabras iracundas nunca han mejorado una situación.
El hombre más sabio del mundo declaró que el que tarda en airarse
es de grande entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu
enaltece la necedad. La Biblia dice: "La blanda respuesta quita la ira;
mas la palabra áspera hace subir el furor."
( Proverbios 15:1 )

La Biblia vuelve a decir: " Cruel es la ira, e impetuoso el furor";
( Proverbios 27:4.a ) Jesús dijo: "Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable del juicio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno del fuego." ( Mateo 5:22 )
Pablo dijo: "Airaos, y no pequéis." ( Efesios 4:26 a )

Muchos cristianos excusan su mal humor en diferentes formas.
Algunos de ellos, entre los más rebeldes, en efecto, se sienten
orgullosos de su espíritu ingobernable.
He oído decir que una de las excusas más comunes es la de atribuir el mal
genio a los nervios, haciendo así de una falta y un pecado un achaque.
Es mucho mejor reconocer el pecado, arrepentirse, confesarlo, dejarlo
y humildemente dar satisfacción de él.
La Biblia enseña que Dios puede dar victoria en la línea de las más
grandes derrotas.

Otro pecado de la lengua que es muy común en todo el mundo es la blasfemia.
El tercer mandamiento declara: "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios
en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre
en vano." ( Éxodo 20:7 ).
Una de las cosas más nauseabundas en el lenguaje hoy día es la blasfemia,
la maldición y el tomar el nombre de Dios en vano. Muchos jefes en la política
y hombres que ocupan puestos de importancia son dados a maldecir y blasfemar.
En las aulas de los colegios y la universidades muchos profesores
son culpables de usar el nombre de Dios en vano presentando así un pobre
y terrible ejemplo a los alumnos a quienes están tratando de enseñar.

Muchas personas maldicen para asombrar a las personas que los rodean,
para ser viles, para tratar de deshacerse de un complejo de inferioridad o sencillamente para exhibirse.
Pero la Escritura dice: "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia
a los oyentes" ( Efesios 4:29 ).

La Biblia enseña que un hombre que pude gobernar su lengua puede gobernar
toda su personalidad.
Si usted no puede dominar su lengua en cuanto al maldecir, la Biblia enseña
que está usted esclavizado, y que el maldecir es un pecado del cual usted es culpable ante Dios.
Hay lenguajes en el mundo con riqueza de vocabulario, pero, aún así,
hay lisiados verbales que tienen que cojear con muletas de palabras
sospechosas que los lanzan al infierno, según nos dice la Biblia.



Continuará...

Fuente : Billy Graham

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