fredag 28 maj 2010

*** La Doctrina de Cristo ***






LA DOCTRINA DE CRISTO


La verdad concerniente a la Persona del Señor Jesús, Hijo de Dios,
es simple y profunda. Se halla revelada en la Palabra de Dios,
y podemos conocerla mediante el Espíritu Santo.
Aunque esta revelación sobrepasa la inteligencia humana,
no obstante, la fe se apropia de las declaraciones de la santa
Escritura, y adora.

EN LA ETERNIDAD, ANTES DEL TIEMPO

El Dios eterno


“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios,
y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).

“...el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse” (Filipenses 2:6).

Desde la eternidad, antes del tiempo, Dios el Hijo existía o “era”. Él es,
pues, sin principio, de existencia eterna, tan elevado y digno de honor
como Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo.

El Hijo eterno

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno
del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

“Me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24).

Es Hijo desde toda la eternidad. Pero el hecho de ser Hijo no implica
un comienzo ni una posición inferior a la del Padre.
Él es, como ya se dijo, igual a Dios y de una existencia eterna.
Esto significa que, desde la eternidad, era el objeto del amor del Padre.
Es “su amado Hijo” (Colosenses 1:13).

EN EL TIEMPO SOBRE LA TIERRA, Y AHORA EN EL CIELO

El Hijo eterno de Dios

“Dios envió a su Hijo unigénito al mundo” (1 Juan 4:9).

“Se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:7).

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros
(y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre)” (Juan 1:14).

“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo” (Hebreos 1:8).

Cuando el Hijo de Dios llegó a ser hombre, veló la gloria de su divinidad.
Se despojó a sí mismo; de lo contrario, el hombre no hubiese soportado
su presencia (Éxodo 33:20).
Sin embargo, permaneció siempre como el Hijo eterno de Dios.
Como tal, es eternamente omnipresente (Juan 1:18),
omnisciente (Juan 18:4) y omnipotente (Juan 18:6).
Después de su resurrección y su ascensión, permanece Dios por la eternidad.

El Hijo de Dios, engendrado por el Espíritu Santo
“Mi Hijo eres tú; Yo te engendré hoy” (Salmo 2:7).

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá
con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será
llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

El hecho de que el Señor Jesús haya sido engendrado por Dios el Espíritu
Santo es también una razón para que sea llamado Hijo de Dios.
Tal como había sido anunciado en el Antiguo Testamento, así lo recibió
María (Lucas 1:35), Natanael lo reconoció (Juan 1:49),
el ciego de nacimiento le adoró (Juan 9:35-38),
y Tomás se dirigió a él después de su resurrección (Juan 20:28).

Jesús, perfectamente hombre

1) Un hombre que nació y vivió aquí abajo
“Dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales” (Lucas 2:7).

“El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”
(Lucas 19:10).

Hace 2000 años, el Hijo de Dios vino a ser realmente hombre en Belén.
Tenía un espíritu humano (Juan 13:21), un alma humana (12:27)
y un cuerpo humano (2:21).

Tuvo hambre (Mateo 21:18), estuvo cansado (Juan 4:6).
Como hombre, tenía que caminar de un lugar a otro (Juan 4:4)
por más que, como Dios, fuera siempre omnipresente.
En Marcos 13:32 está escrito que ni los ángeles, ni aun el Hijo conocen
el día y la hora de la venida del Hijo del hombre.
Dice esto como hombre en la posición de Siervo y de Profeta.
Como Dios, sin embargo, es omnisciente.
Estas cosas sobrepasan nuestro entendimiento humano,
pero la fe lo considera como siendo perfectamente hombre,
sin olvidar jamás que es, al mismo tiempo, eternamente Dios.

2) Un hombre semejante a nosotros, pero sin pecado
“No hay pecado en él” (1 Juan 3:5).

Exteriormente, el Señor Jesús no se distinguía de los demás hombres
en los cuales mora el pecado (Romanos 8:3).
No obstante, en él no hay pecado. No podía pecar ni cometió pecado.
Por eso, el cielo se abrió dos veces sobre él, al principio y al final
de su ministerio como hombre aquí abajo.
“Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado;
en ti tengo complacencia” (Marcos 1:11; véase también 9:7).

3) Un hombre que fue muerto y resucitado
“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar”
(Juan 10:17).

Jesús fue hasta el Gólgota y, como hombre, dejó su vida.
¡Sabemos porqué! Allí cumplió la obra de la redención para que
pudiésemos ser salvos.
Realmente murió. En cuanto a su espíritu y a su alma,
entró en el paraíso (Lucas 23:43); en cuanto a su cuerpo,
fue puesto en el sepulcro (Juan 19:42). Después de tres días,
resucitó corporalmente.
Como hombre resucitado, fue visto por Cefas, luego por los doce,
a continuación por más de quinientos hermanos a la vez (1 Corintios 15:5-6).

4) Un hombre en el cielo por la eternidad
“Sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre”
(Apocalipsis 14:14).

“Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas
las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:28).

Después de su resurrección, Jesús subió al cielo. Ahora está allí sentado,
como hombre glorificado, en el lugar más elevado, a la diestra de Dios.
Como hombre, volverá para tomar consigo a los suyos y para introducirlos
en la casa del Padre. Luego aparecerá al mundo en gloria.

Como hombre, ejercerá el juicio (Apocalipsis 14:14) y,
según 1 Corintios 15:28, vemos claramente que permanecerá hombre eternamente.
Como hombre, el Hijo se sujetará a Dios por la eternidad.

Podemos decir que dejó su vida como hombre por el poder de Dios.
También por el mismo poder divino resucitó como hombre. Por último,
por el poder divino subió al cielo (Efesios 4:10).
Y ahora está sentado en la majestad divina, como hombre glorificado,
a la diestra de Dios (Hebreos 1:3).

Resumen

El Señor Jesús es Dios eternamente, sin principio,
tan elevado como Dios el Padre.
Era y es el Hijo eterno, en una comunión de amor con el Padre.
Llegó a ser verdadero hombre como nosotros, pero era sin pecado;
no cometió ningún pecado.
Está fuera de todo alcance del pecado, porque es santo.
Permanece eternamente hombre.

Estas son verdades fundamentales de las Santas Escrituras.
No solamente algunos pasajes lo confirman, sino la Palabra entera.
Tal es la doctrina de Cristo (2 Juan 7-11).


Escrito por M. Billeter

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