fredag 2 april 2010

*** Detalles de mi vida ***






Detalles íntimos de Mi vida
Extracto de un mensaje de Jesús



Fieles escribas anotaron algunas de Mis Palabras y porciones importantes

de la historia de Mi vida.
Sin embargo, como entre nosotros hay una relación de amistad,
quiero revelarte más detalles.
Durante Mi paso por la Tierra ocurrieron muchas cosas.
Me enfrenté a pruebas y tribulaciones, viví momentos felices y momentos tristes.
Al igual que tú, libré batallas y tuve que asimilar enseñanzas.
Aprendí a obedecer a Mi Padre por medio de las experiencias que viví.
Habiendo adoptado forma humana, tuve que aprender igual que tú a subyugarme,
obedecer y cumplir la voluntad de Mi Padre.
A semejanza de Mi vida, la tuya está llena de decisiones y disyuntivas.
Para Mí —igual que para ti el obrar bien era consecuencia de un acto de la voluntad.
Sé que estas palabras te pueden resultar un poco difíciles de entender.

Pensarás: «Tú eres el Hijo de Dios, formas parte de Dios.
Por lo tanto para Ti era muy sencillo superar esas cosas».
Pero la carne es la carne, y todo ser de carne y hueso está sujeto a pasiones semejantes.
Como dije en otras oportunidades, fui tentado en los mismos aspectos que tú.
Tuve que superar Mis pruebas, igual que tú.
De otro modo, hoy en día no podría ser tu intercesor, no entendería plenamente
las cosas que te pasan.
Me enfrenté a un sinnúmero de situaciones difíciles, y hubo muchos obstáculos

que tuve que sortear.
Algo fundamental que fui aprendiendo fue que no debía apoyarme en Mis
aptitudes humanas, sino recurrir a Dios, Mi Padre.

Me había hecho hombre para participar de lo que sientes tú, soportar los mismos dolores, reír como tú te ríes y experimentar la vida
en los mismos términos que tú.
Cuando me hice de carne y hueso descubrí que una de las cosas más importantes
que tenía que aprender como ser humano era a ampararme en lo espiritual.
Cada vez que me enfrentaba a una situación de apuro, tenía que tomar una decisión:

o tratar de resolver el problema por Mi cuenta, o bien reconocer que necesitaba
ayuda del Cielo, pedírsela a Mi Padre y obtener de lo alto el poder que necesitaba.
Al igual que tu vida se compone de un cúmulo de decisiones, lo mismo me pasaba a Mí.

Tenía que tomar decisiones todos los días.
Y todas ellas se centraban en la disyuntiva de obtener instrucciones explícitas
de Mi Padre que estaba en los Cielos, o tratar de resolver los problemas
con Mis propias fuerzas y Mi entendimiento humano.
Aprendí que contaba con algo muy superior a la sabiduría humana.

Tenía una conexión con el Cielo.
Y gracias a que mantenía bien fuerte ese vínculo y escuchaba instrucciones
del Cielo en vez de apoyarme en Mi propio entendimiento, logré Mi objetivo.
El plan que me comunicaba Mi Padre era muy sencillo.

Para triunfar y contar con las fuerzas, la energía, la fe y la sabiduría
que requería Mi misión, debía dedicarle tiempo a Él todos los días.
Para pasar tiempo a solas con Mi Padre no solo tenía que alejarme de
las multitudes, sino también de Mis amigos más allegados.
Por eso madrugaba y salía a orar antes que principiaran los trajines del día.
En muchas ocasiones me retiraba a los montes, donde podía recogerme,
elevar la vista al Cielo y obtener la orientación que me hacía falta para ese día.
Así obtuve las fuerzas para llevar a cabo Mi labor; así pude obrar milagros;

así pude responder sabiamente a quienes me planteaban interrogantes.
Se debió a que obtuve instrucciones de Mi Padre.
Mi carne era como la de cualquier otra persona, pero Mi sabiduría excedía
toda ciencia, poder o fuerza terrenal, porque tenía el oído atento al Cielo.
Llevaba el Cielo dentro de Mí, y los resultados lo demostraban.

Otra prueba seria que tuve que superar fue la del orgullo.

La tentación de ceder ante la vanagloria de la vida es la mayor prueba a la que
se ven sometidos los hombres.
Ni Yo estuve exento de ella.
Aunque fui hijo de un humilde carpintero y no tuve mucho de qué enorgullecerme
en cuanto a riquezas materiales o formación terrenal, a medida que crecía
me hacía más fuerte en espíritu.
Satanás me tentaba en otros sentidos por medio del orgullo.
Poco antes de emprender Mi labor pública, el Diablo me tentó con riquezas,

poder y gloria, ofreciéndome los reinos del mundo.
Lo que tú desconoces es que, al ver el Diablo que no sucumbía a esa primera tentación,
siempre anduvo al acecho, tentándome con el orgullo una vez que inicié Mi obra
entre las multitudes.
De haber cedido a esa tentación, fácilmente habría podido atribuirme el mérito de

todos los portentos que el Padre hacía por Mí.
La única manera de resistir aquella tentación era fijar la mirada constantemente
en Mi Padre y pedirle auxilio.
Y como lo hice, Él me reveló un plan: el de la humildad.
Me dijo que cuando me viera seducido por el orgullo, lo más eficaz para combatir
esa tentación era reconocerle públicamente a Él todo el mérito y atribuirle
toda la gloria.
Por eso les recordaba con frecuencia a Mis discípulos y a los que me rodeaban que no

podía hacer nada por Mí mismo y que no sabía otra cosa que lo que el Padre me indicaba.
Yo era la Palabra viviente para el pueblo.
No podía limitarme a predicar la humildad y el amor.
Yo mismo tenía que ser humilde y brindar amor.
Como Mi Padre obraba grandes milagros por intermedio de Mí y la noticia se divulgaba

por todos lados, las multitudes me seguían por dondequiera que fuera.
Eso fácilmente se me podría haber subido a la cabeza.
Descubrí que siempre tenía que mencionar a Mi Padre y atribuirle todo el honor y la gloria.
Tal como dije en aquel entonces, si Yo me hubiera glorificado a Mí mismo,
eso no habría valido para nada.
Era Mi Padre quien me glorificaba.
Cuando me llevaron preso en el huerto de Getsemaní y comparecí después

ante Poncio Pilatos, parte de Mí quería llamar a las legiones del Cielo para
demostrar Mi poder.
Mas Mi Padre conocía un camino mejor, el de la humildad. Por eso respondí:
«Mi reino no es de este mundo; si Mi reino fuera de este mundo,
Mis servidores pelearían»
A través de la humildad, guardando la calma y dejando que Mi Padre obrara como
a Él mejor le pareciera, se obtuvo la victoria, y toda la gloria fue para Él.

Realicé muchos milagros patentes y visibles; pero esos no fueron tan grandes

como los menos llamativos que obré en el corazón de los hombres.
Caminar sobre las aguas, resucitar a los muertos, convertir el agua en vino,
multiplicar unos pocos panes y peces para dar de comer a las multitudes,
sanar a los enfermos y calmar la tempestad fueron manifestaciones
sobrenaturales de Mi poder.
No obstante, mucho más prodigioso aún fue transformar corazones
encallecidos. Esa fue una prueba mucho mayor de Mi divinidad.
La ciencia moderna también obra aparentes maravillas, pero solo

Yo puedo transformar corazones. Como inquirió el rey Salomón:
«¿Quién soportará al ánimo angustiado?»
Solo Mi poder milagroso puede tocar y sanar un espíritu angustiado.
Yo obré numerosos milagros en el corazón y el espíritu de hombres,
mujeres y niños cuando anduve en la Tierra, y sigo haciéndolo hoy en día.
Esos son sin duda Mis milagros predilectos.

Fuente: Conectate.org


GRACIAS MI AMADO PORQUE NOS CONOCES Y SABES DE
NUESTRAS DEBILIDADES Y FLAQUEZAS, GRACIAS PORQUE
ME HAS DADO VIDA A TRAVEZ DE TU MUERTE Y PORQUE
TODO LO HICISTE POR QUE ME AMAS.

2 kommentarer :

Francisco Javier sa...

Que lindo mensaje nos regalas, Jenny. Como siempre te digo, siempre que paso por aquí me llevo una linda lección. Bendiciones para ti y los tuyos. Sigue cultivando el amor a nuestro Señor :-)

Jenny sa...

Hola amigo , muchas gracias por tu linda visita, Dios te bendiga mucho, al igual los tuyos, te deseo un bello domingo.