
El eterno amor de Dios
Aún recuerdo el día en que te formé.
Con gran esmero, atención y minuciosidad escogí cada aptitud,
cada don, cada característica, cada fibra de tu ser,
hasta obtener exactamente la combinación que quería.
Hasta las más mínimas especificaciones quedaron en perfecta
sincronía para lograr Mi voluntad y Mi propósito en tu existencia
y en la de todos aquellos a quienes irías a afectar durante
tu travesía por la vida.
Recuerdo el momento en que te di aliento de vida.
¡Sentí un amor tan inmenso que no pude contenerlo!
Sabía cuánta felicidad ibas a brindar, no sólo a Mí,
sino a todos aquellos con quienes te cruzarías
en el camino de la vida.
Te amo desde la eternidad y haste la eternidad,
y en ti me complazco.



















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