söndag 22 mars 2009

*** La Oración ***

Nuestro corazón es el "Oratorio" de intimidad con Nuestro Señor
en la dimensión del Espíritu y en la dimensión de la Verdad.

La oración de fe al Espíritu Santo es un camino, un largo camino,
un aprendizaje diario ya que es el mismo Dios quien nos lo va enseñando,
en la medida que estemos atentos a sus interrogantes y a sus respuestas.

Antes de ser elevado a los Cielos, Jesús, nos advirtió que convenía
que ello sucediera sino no nos podría enviar al consolador,
al Defensor, a nuestro Abogado,
AL QUE NOS AUXILIARIA EN TODAS NUESTRAS NECESIDADES
POR MAS DIFICILES Y DELICADAS QUE FUERAN.

Quiso decirnos que con su PARTIDA, ahora lo tendríamos
en nuestros corazones, no en la materialidad de la carne,
sino en Espíritu, EN LA PRESENCIA MISTERIOSA
de un Dios de Amor que viene a habitarnos para permanecer
en y con nosotros para siempre.

Es Dios mismo en su infinita bondad que viene a morar
en la totalidad de nuestro ser, a través de su soplo de fidelidad y de ternura.
Y estando El, nos defiende, nos asiste en nuestras dificultades,
nos anuncia las cosas futuras, y nos hace ver que es la forma que
más le agrada por la cual desea que lo amemos

Jesús le expresó a la mujer Cananea, que Dios quiere adoradores
en espíritu y en verdad.
Ya no tenemos a Jesús para adorarlo y amarlo personalmente,
pero nos dejó su Espíritu, y la mejor forma de adorarlo y crecer en la fe,
es el camino diario y perseverante de la oración a través
de la súplica cada vez que la desesperación toque nuestra puerta.

Sabemos de nuestras necesidades, de nuestras dificultades,
de nuestros sufrimientos, de la perplejidad que a veces nos domina
cuando vemos el sufrimiento de quienes amamos, y
nos embarga la convicción que solos no podemos
hacer nada o podemos muy poco.

Justamente, en ese preciso momento es cuando más hay que orar
y orar y suplicar en silencio, dirigiendo nuestras lágrimas al corazón
misericordioso de Jesús que es sensible a nuestro más mínimo llamado.
Entonces el Espíritu es El "que viene en ayuda de nuestra debilidad
e intercede por nosotros con gemidos inefables"
Pero hay que pedirlo día a día, hay que suplicarlo sin cansancio,
hasta gritar su asistencia con muchísima fe y confianza y Dios
jamás deja de escucharnos. El es fiel y cumple su promesa.

Al esbozar nuestra más sincera oración El responde con abundancia
y nos dice como a los apóstoles:
¡ NO TEMAIS YO ESTOY CON VOSOTROS !

Cuando de verdad nos damos cuenta que el Espíritu está en nosotros
y nos asiste hasta en las menores situaciones de nuestra vida,
ya no podemos dejar de orar.
La oración se instala en nuestro vivir, porque Dios nos da la certeza
que nos escucha, que nos ama y que no nos abandona nunca.
El Espíritu nos asiste de forma sobrenatural, nos protege y nos ampara,
va santificando nuestra vida, transformándonos más caritativos
porque vamos sintiendo casi imperceptiblemente que comenzamos
a estar invadidos por su presencia misteriosa,
que actúa de lleno en nuestro corazón y en la relación
fraterna con nuestros semejantes.

Y esta fuerza, esta energía de amor va creciendo sin que lo podamos percibir,
y a través nuestro como simples y humildes instrumentos en sus manos,
Dios va desplegando todo su poder y sana al sufriente,
sostiene al caído y da pan al necesitado.
La fe al Espíritu se va construyendo día a día, orando,
suplicando, pidiendo con intensa perseverancia.
La respuesta de Dios se vuelve palpable evidencia y por medio
de sus signos nos dice: Sí, ahí está mi Voluntad. ¡Hazla!

Dios se queda muy contento cuando le dedicamos "un momento de atención"
durante el día, aunque estemos ocupadísimos y casi sin tiempo.

Vivimos muy preocupados, muy atareados, pero que lindo sería
si en medio de esas ocupaciones,
PUDIERAMOS HACER UNA PEQUEÑA PAUSA Y HABLAR
CON EL Y DECIRLE: TU SABES TODO, TU CONOCES TODO,
QUEREMOS CONTAR CONTIGO PORQUE SOLO TU ERES
MISERICORDIOSO, HAZ ESTE MILAGRO DE CURACION Y DE SANACION.
Escucha nuestra plegaria y vuélvete a nosotros.

Todo lleva su tiempo, pero El no se hace desear.
En el momento más oportuno, cuando menos lo pensamos,
en situaciones CRUCIALES, derrama el rocío maravilloso de su Espíritu
y una paz y una alegría desbordante invade nuestro corazón
Y EL MILAGRO bajo un abanico inmenso de posibilidades
se hace visible y cotidiano.
El está en nosotros: "vine para quedarme en vuestros corazones".

Alimentemos nuestro diálogo con su Palabra y la meditación.
Hagamos un espacio y un lugar para crear "la intimidad" silenciosa
DONDE DOS AMIGOS PUEDAN ENCONTRARSE.
El quiere ser tu mejor amigo
¿y puede haber mejor dicha que contar con UN AMIGO TAN FIEL?

Pidamos a Dios, que nos de oídos sensibles para escuchar
los susurros y oír el aleteo de una tierna voz que va abriendo
nuevos horizontes de esperanza: No tengaís miedo de nada, solamente
¡PERSEVERAD Y CONFIAD!

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